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Agustín Cabrera Barba

Agustín Cabrera Barba

Agustín Cabrera fue un niño entusiasmado con su ordenador Commodore 64 de los años 80, llegando a programarlo en BASIC y en ensamblador, además, jugaba al baloncesto en un parque de su barrio, sin romperse las rodillas o vomitarlo todo, y hacía un curso por año aunque no tenía prisa. A pesar de haber nacido en Madrid, Agustín tenía pueblo, manchego, ¡coño, el de los madriles!, ¿vas ya a la vendimia este año?, (¡espero que no porque me duelen los riñones!), bendito fin de verano, pensaba él. Al final, cuando llegó el momento, planeó no intentar estudiar informática o medicina en la universidad, sino algo de ciencia básica (para los que no juegan al fútbol, como Tesla, Lavoisier o Dražen Petrović), así, le terminaron dando plaza en químicas en 
Alcalá de Henares (nunca tuvo claro por qué), a un considerable y entretenido viaje en tren del barrio de Carabanchel, su barrio de siempre en Madrid. No lo rechazó y ahora cree que no hizo mal, el gusto por la ciencia siempre perduró a pesar de terminar la carrera casi año y medio más tarde de lo estipulado por el claustro, ¡malvados profesores! Cuando terminó la carrera estuvo trabajando en algunas empresas de servicios como programador en Java y C/C++, y luego terminó aprobando varias oposiciones, primero como administrativo y luego como informático, llegando a darse cuenta de que tenía mejor calidad de vida, como le habían comentado ya, pero vio que seguían existiendo los horarios a cumplir y los jefes, ¡todo sea por el servicio público!. Finalmente, y con una edad para que le llamasen 'señor', Agustín decidió ponerse a escribir libros, con temor a ser considerado un fantasma por algunos, más que una persona ávida de expresarse y/o compartir algo que tuviese en su ya desmelenada cabeza.

Su libro